dijous, 8 de juny de 2017

Tània Verge: «La revuelta de las mujeres»

Construir la República Catalana va a permitir por primera vez a las mujeres participar en la definición de la comunidad política

Tània Verge Mestre, profesora agregada del Departamento de Ciencias Políticas y Sociales a la UPF

Los argumentos legalistas contrarios a la celebración de un referéndum para decidir el futuro político de nuestro país olvidan que la libertad escapa de los márgenes de los dictados de un estado. Esto las mujeres lo sabemos bien. Históricamente, hemos tenido que luchar para conseguir los derechos civiles, laborales y políticos más básicos. Nadie nos tiene que explicar que la libertad no se otorga, sino que se gana, empleando cuando hace falta la desobediencia. En todo el mundo, las mujeres han ocupado asientos de autobús que nos estaban vetados, llenado de papeletas las urnas que nos excluían y liderado revueltas contra el aumento de precios de los productos más básicos o contra las levas forzosas. Las mujeres también desobedecieron la legalidad franquista en temas como los contraceptivos, el aborto o el divorcio. Ninguno de estos actos cumplía con la legalidad vigente sino que la desbordaba. ¿Quién cuestionaría hoy su legitimidad y su contribución a la mejora de la sociedad?

El referéndum que nos niega el Estado español tiene una relevancia especial para las mujeres. La construcción de la República Catalana supone para las mujeres que por primera vez podremos participar en la definición de la comunidad política y en el establecimiento del contrato social entre los miembros de dicha comunidad política. No pudimos votar la Constitución ni de la Primera ni de la Segunda República Española, ni tampoco el Estatuto de Autonomía del 1932 –aún así, las mujeres lo apoyaron con más de 400.000 firmas que fueron entregadas al presidente Francesc Macià. La Constitución española de 1978 fue redactada por siete «padres» y discutida por unas Cortes donde solo había un 5% de diputadas.

El resultado es una constitución que nos invisibiliza, y no solo en el lenguaje –en ella se mencionan ciudadanos, electores, diputados, jueces...–. En las dos únicas ocasiones en las que se nos menciona explícitamente se habla del matrimonio y de la preeminencia de los hombres sobre las mujeres en la sucesión a la Corona. Desde su neutralidad (o, mejor dicho, ceguera) al género, esta constitución ha contribuido a reproducir la situación de desigualdad de las mujeres, ya sea en materia de valor atribuido a los roles sociales, posibilidad de alcance efectivo de los derechos, oportunidades de participación, distribución de recursos, o responsabilidades en la vida pública y privada.

Tenemos hoy a nuestro alcance la oportunidad de hacer una república donde las mujeres seamos protagonistas desde el primer día. ¡Somos el 51% de la población! Desde la mitad de los espacios de participación y decisión que nos corresponde ocupar, podemos hacer de la justicia social y de la equidad de género los pilares fundamentales de la nueva república. ¿Por qué sino queremos un nuevo estado? La calidad democrática y el nivel de desarrollo de los países se miden por la situación de las mujeres. Según el Instituto Europeo de la Igualdad de Género (EIGE), Dinamarca tiene un valor de 71 (sobre 100) en el índice de igualdad de género, mientras que España registra un valor de 54. De hecho, hay diez países europeos que tienen un valor más alto en este índice que el Estado español.

Hoy en día, en Cataluña, las mujeres tienen casi el doble de posibilidades de ser pobres que los hombres, especialmente las familias monoparentales, las mujeres gitanas o migradas y las mujeres mayores con exiguas pensiones. Con la República Catalana podremos no solamente aumentar las pensiones sino además garantizarlas, pues es el Estado español el que se está fundiendo a una velocidad de vértigo la hucha de las pensiones. Una república para garantizar también el derecho al cuidado de todas las personas, con servicios públicos de dependencia, sanidad y educación de calidad, que no haga recaer en las mujeres la provisión gratuita del conjunto de la sociedad. Una república con capacidad para actuar sobre la pobreza energética y sobre las viviendas vacías, que deje atrás unas sentencias del Tribunal Constitucional que imponen una clara penalización de género debido a la feminización de la pobreza. Una república donde se elimine la brecha salarial y se instauren permisos de maternidad y paternidad iguales e intransferibles. Una república donde la lucha contra la violencia machista sea por fin una cuestión de estado.

A las mujeres nos sobran los motivos para liderar esta revuelta democrática que aspira a un país mejor para todas y todos. Una revuelta que acabe a la vez con el Estado centralista, las desigualdades socioeconómicas y el patriarcado. Como nos decía Maria Mercè Marçal en su libro Sal Oberta, «Mujeres, bajad, venid / a la danza de la hierba. / Engalanemos los balcones / y preparemos la tierra. / Reguémosla con lluvia y sol, / defendámosla con los dientes, / para que en ella arraigue el árbol / de la liberación.» Sencillamente, es la hora de las mujeres. Y la hora es ahora: animemos a todo el mundo a participar en el referéndum y votemos Sí a la República Catalana.

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